El trabajo de oficina, caracterizado por largas horas sentado frente a un ordenador, puede generar problemas físicos y mermar el bienestar general de los empleados. Dolor de espalda, fatiga o rigidez muscular son consecuencias habituales de un estilo de vida sedentario. Frente a ello, el entrenamiento de fuerza se presenta como una herramienta eficaz para proteger la salud y reforzar el rendimiento laboral.
Según explica Javier Herrero Cuesta, fisioterapeuta del Health Center Quirónprevención, «el entrenamiento de fuerza ha demostrado ser una de las mejores medidas de prevención de lesiones, ya que reduce la fatiga muscular, mejora la concentración y disminuye el dolor lumbar, cervical o de hombros».

Beneficios más allá de lo físico
El impacto de esta práctica no se limita a la salud corporal. Tal y como recuerda Herrero, el entrenamiento de fuerza también influye en la mente: «produce una liberación de endorfinas que reduce los niveles de ansiedad y estrés, mejorando la autoestima, la resiliencia y la calidad del sueño».
Estas ventajas se traducen en una mayor capacidad de concentración y en un estado anímico más estable durante la jornada laboral.
De manera directa, la empresa también obtiene beneficios. La reducción del absentismo, el aumento de la productividad y la mejora del clima laboral son algunos de los efectos que señala el especialista. Además, las organizaciones que promueven hábitos saludables refuerzan su imagen corporativa y logran un mayor compromiso por parte de sus equipos.


