De padre suizo y madre francesa, Carlos Hornstein nació en Barcelona, donde vive en la actualidad. Tal y como explica, el emprendimiento lo lleva en el ADN, por lo que este detalle, unido a los caminos que ha ido tomando a lo largo de su trayectoria profesional, han dado como resultado niikiis. En su posición actual como CEO de la compañía trata de hacer crecer a las personas, un objetivo que extiende a todos los ámbitos de su vida.
¿Cuáles han sido los pasos que le han hecho llegar hasta aquí?
La vida es un cúmulo de experiencias y unas llevan a otras; sin lugar a dudas el contexto familiar también tiene su grado de influencia. Acabé siendo ingeniero porque mi abuelo y mi padre lo eran; y probablemente mi ADN emprendedor lo he heredado de mi padre, quien lo fue toda su vida, reinventándose continuamente. Mi abuelo fue 100% corporativo llegando al Consejo de Ciba, una farmacéutica suiza. Siempre me han gustado los desafíos y uno me ha llevado a otro: en lugar de disfrutar unas merecidas vacaciones en la playa cuando cursaba ingeniería, decidí irme un verano a hacer prácticas en Alemania. Estando allí, me dieron la posibilidad de trabajar en mi proyecto final de carrera en lugar de hacerlo en Barcelona, y eso me llevó a aplicar al Siemens Graduate Program. En lugar de irme a Estados Unidos como el resto de compañeros, escogí Malasia para irme a vivir y trabajar allí un año en un pequeño pueblo pesquero, al otro lado de Kuala Lumpur.
Luego Siemens compró Westinghouse y levanté la mano para ser el primer expatriado en irse a Orlando y, una vez en Estados Unidos, decidí hacer un MBA en Atlanta y en lugar de irme a Florida con mis amigos del máster, organicé un viaje a Mali con un proyecto de desarrollo apoyado por la universidad y Coca-Cola. Ya de regreso en Barcelona, un compañero del máster me abrió las puertas al mundo de las escuelas de negocio, iniciando mi andadura en el IESE con el lanzamiento de un programa global para CEO en colaboración con Wharton. De allí fui a Nueva York, para luego acabar en Filadelfia en Wharton y luego en Londres con LBS, en ambos casos para hacer un turn-around del negocio, y de allí a Barcelona liderando la creación de una universidad online en Planeta. Y finalmente llegó niikiis como resultado de haber vivido en primera persona el reto de ser mánager.
¿Cómo encontró su propósito?
Mi propósito en la vida es ayudar a crecer a las personas. Lo hago con mis hijos, lo he hecho en las empresas en las que he trabajado, y ahora, en niikiis, además ofreciendo un software que ayuda a mánagers a gestionar mejor a sus equipos. Y todo vino por casualidades de la vida: conocí al expresidente Jimmy Carter cuando estaba cursando mi MBA en Estados Unidos y él fue quien me animó a ir a Mali. Una vez allí me di cuenta de la importancia de la educación para el desarrollo de un país. En lugar de quedarme parado, montamos una fundación y en cinco años construimos cinco escuelas para apoyar la escolarización de 4.000 niños en Mali, fomentando el voluntariado.
Uno se da cuenta que la base de todo es la educación, tanto la que te dan en casa como en la escuela, y posteriormente la formación continua. Más allá de tener más o menos oportunidades según el contexto en donde uno esté, la inquietud de querer aprender, escuchar, equivocarse o experimentar debe ser transmitida desde la infancia. ¿Consejo? Buscar tiempo para reflexionar. Por cierto, el logo de niikiis simboliza el signo de pausa, como recordatorio de la necesidad de tomarse ese tiempo para pensar, aprender y compartir.
