Pablo Gámez Cersosimo nació en Costa Rica, pero lleva ya casi treinta años viviendo y trabajando en Países Bajos. Empresario, periodista, coach y consultor, Gámez ha dedicado sus últimos años a investigar sobre el impacto ecológico de las tecnologías digitales y a asesorar a empresas para reducir su huella de carbono digital. Esta última actividad la desarrolla con Naturally Digital, la consultora que fundó y que dirige, mientras que el resultado de sus investigaciones está recogido en su libro Depredadoras Digitales (Editorial Círculo Rojo).
Se habla de descarbonizar el transporte o la industria, pero apenas de descarbonizar Internet, que es tal vez el principal motor de nuestra economía. Usted dice que descarbonizar Internet es el mayor reto de la próxima década.
Vamos a un ejemplo sumamente interesante en este momento. En los últimos días tenemos la llegada del ChatGPT que desplaza al metaverso, que fue dominante durante 2022, y en cuestión de tres días quedó pulverizado. Ahora se presenta el ChatGPT como la gran revolución tecnológica y el gran acontecimiento digital del año 2022, y se usa masivamente a nivel mundial. Al analizar estas tecnologías nos damos cuenta de que conforme los modelos de Inteligencia Artificial (IA) maduran necesitan una cantidad masiva de energía. Esta demanda está creciendo a un ritmo impresionante. Los recursos necesarios para producir el mejor modelo de IA se han duplicado en promedio cada 3,5 meses. Esto se traduce en un aumento de 300.000 veces entre 2012 y 2018. Nadie repara en estas realidades. Simplemente se nos introduce una tecnología y hacemos uso masivo de ella, nos enamoramos de ella, pero se vuelve a repetir el dilema al que nos enfrentamos con todo el andamiaje digital: en ningún momento se nos explicó que tienen un impacto enorme. No la vemos, porque es una huella de carbono que se invisibiliza. Nos dejamos llevar por la magia de la tecnología, pero en ningún momento hay pensamiento crítico para preguntarnos cuál es el impacto negativo. Cuando decimos que uno de los mayores retos va a ser la descarbonización de la infraestructura de Internet, durante los próximos diez años, es algo documentado por los grandes organismos internacionales. Es una realidad: necesitamos descarbonizar, pero para hacer eso tenemos que entender la naturaleza de la huella de carbono digital que sostiene todo el andamiaje de nuestra infraestructura digital.
¿Puede la industria digital llegar a ser el sector económico más contaminante?
Si no se corrige el ritmo que llevamos, efectivamente en poco tiempo vamos a llegar a un panorama la que no queremos llegar. En este momento la huella de carbono digital es de entre un 4 y un 6% del total de la huella mundial. Esto es más que la generada por la industria marítima y de la aviación en todo el mundo. La infraestructura digital no puede existir, por ejemplo, sin minería a cielo abierto para todos los minerales que dan forma al software y al hardware. Conforme más se profundiza y acelera la digitalización, lo que vimos a raíz de la Covid, se acelera también la minería a cielo abierto. La actividad minera a cielo abierto puede ser igual o más contaminante que la industria del petróleo. Estas relaciones quedan por fuera, no las estamos considerando. Otro de los grandes problemas es el uso de agua potable que necesita nuestro andamiaje digital para funcionar. Sin agua potable no hay universo digital. Depredadores digitales nace de esta necesidad de explicar la naturaleza carbonácea detrás de la industria digital. Pero también cómo esa transformación digital corporativa dejó desatendida el tema de la huella de carbono y del impacto. Nos enfrentamos a una digitalización acelerada que deja por fuera el impacto ambiental.
¿Y a qué cree que se debe eso? ¿es simple desconocimiento, o hay un ocultamiento por parte de las grandes empresas digitales?
Hay un discurso, una narrativa por parte de las empresas tecnológicas, que nos invitan a hacer un uso masivo de esas tecnologías. Es parte de la narrativa mágica que utiliza la industria digital, pero también influye la ausencia del pensamiento crítico respecto de lo digital. El discurso digital se ha logrado imponer en todas las esferas de la sociedad, y en una muy importante: la de nuestros dirigentes y gobernantes. En lo político hay un desconocimiento profundo respecto del impacto negativo de lo digital. Hay una responsabilidad no asumida del todo por la industria de comunicarnos cuál es ese impacto negativo. Curiosamente son herramientas que consumimos a nivel mundial de forma masiva diariamente, pero que no se les ha puesto, por ejemplo, una etiqueta de cuál es el impacto que han generado por emisiones de carbono. Curiosamente, de todas las industrias, la digital es la que ha logrado excluirse de las emisiones de carbono que está generando.
¿Son las empresas conscientes del problema de la huella digital de carbono?, ¿qué servicios ofrece Naturally Digital en ese sentido?
Un servicio cada vez más demandado por empresas de software que están interesadas a nivel de marketing y posicionamiento en torno a la huella de carbono digital. Estas empresas quieren ver cómo su producto puede reducir su huella de carbono digital. Es una asesoría escasa en el mercado por el desconocimiento que hay de esta cuestión. También trabajamos con instituciones y gobiernos interesados en su posicionamiento sobre huella de carbono digital. A estos les ofrecemos una consultoría que se extiende bastante en el tiempo, porque son procesos complejos de transformación y, sobre todo, de educación sobre cómo fiscalizar la huella de carbono digital. Un tercer frente que tenemos es la descarbonización de sitios web, que ha generado mucho interés este año y el pasado. Son cada vez más las empresas que quieren reducir las emisiones que generan por su web.