El pasado día 26 de abril, el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos daba una conferencia en Sevilla bajo el título “Un pacto de rentas en España: por qué y para qué”. Y en sus doce folios de discurso ponía sobre la mesa la necesidad de alcanzar un gran pacto en esa dirección para los próximos años en nuestro país.
Pero en realidad sus argumentos ya se habían expuesto mucho antes, porque lo había planteado, en primera instancia, en octubre pasado. La idea primordial es tratar de que la subida de precios afecte a todos por igual, desde particulares a empresas, pasando incluso por la administración y los pensionistas. Y que cada uno asuma su parte para conseguirlo.
Cómo se conforma un pacto de rentas
Se trata de un acuerdo con una serie de premisas para evitar que el aumento exponencial de la inflación, al 10,8% nada menos que en julio, afecte más a los que menos tienen o que una parte de la sociedad cargue con todo el impacto de los precios. Pero para eso es necesario un pacto global de todos los agentes implicados.
La primera y más importante se establece en los salarios: lo cierto es que subir los sueldos casi un 11% arruinaría a gran parte de las empresas, pero también lo es que los empleados no tienen por qué asumir que sus retribuciones valen un 10,8% menos a cuenta de los precios de consumo.
Así en el equilibrio está la virtud: un gran acuerdo en España, de todos y cada uno de los segmentos económicos y sociales, para repartir las cargas de los perniciosos efectos de la subida del IPC. Desde salarios más moderados, a costes menos elevados, pasando por el retoque de impuestos de las administraciones y en el que las implicaciones de los pensionistas y los funcionarios fuera fundamental.