En la opinión de Neil Dwane, estratega global de Allianz Global Investors, ante los crecientes desafíos estructurales, especialmente tras la última crisis de la lira, Turquía necesita una respuesta más fuerte basada en una política fiscal y monetaria más estricta, y una política exterior menos conflictiva: «La evolución de la situación dependerá de si las autoridades turcas introducen las medidas «correctas» para reequilibrar el crecimiento, hacer frente a los desequilibrios macroeconómicos y recuperar la confianza de los inversores. Para hacer esto, Turquía necesita una fuerte respuesta macroeconómica. Por lo general, en tiempos de estrés en la balanza de pagos, un país recurrirá al FMI para obtener apoyo financiero y posiblemente incluso también para anclar la orientación de su política económica. A menos que las intenciones del gobierno turco den un giro completo, no hay señales de que esto suceda.
Dada la baja tasa de ahorro de Turquía y su dependencia del capital extranjero para financiar su modelo de crecimiento, la posibilidad de imponer controles de capital siempre ha sido descartada. Sin embargo, los acontecimientos recientes -y la renuencia de las autoridades a tomar las medidas necesarias- aumentan la probabilidad de que se impongan restricciones a la compra de divisas, al menos como medida temporal. Vemos tres posibles escenarios:
El gobierno y el banco central de Turquía podrían aplicar una política monetaria y fiscal más estricta, junto con una política exterior menos confrontativa para respaldar la lira, restaurar la credibilidad de los responsables de la toma de decisiones monetarias y fiscales y gestionar un reequilibrio de la economía. Si esto sucede, Turquía podría experimentar un crecimiento menor a corto o mediano plazo (soft landing), pero podría evitar una recesión (hard landing).
Si la política monetaria y fiscal sigue siendo demasiado flexible, es probable que la lira se deprecie aún más para ajustar el déficit de la cuenta corriente. Esto acentuaría aún más los balances de los sectores corporativo y bancario. En este escenario, la economía de Turquía tendría más probabilidades de enfrentar una recesión, lo que perjudicaría las expectativas de ganancias y el desempeño de los precios de los activos turcos.
El peor escenario sería si Turquía se enfrentara a una interrupción repentina de los flujos de capital. Esto daría lugar a una mayor presión sobre la lira y un déficit en la cuenta corriente decreciente debido a la contratación de importaciones, lo que podría conducir a una depresión económica.