La clasificación, que sitúa a España en la posición número 11, incluye a los 25 países más atractivos para la inversión directa.
Se destacan factores como el entorno regulatorio, el grado de protección de los derechos de propiedad o la disponibilidad de incentivos fiscales como elementos que explican este ajuste.
Según los expertos, estos aspectos, junto con la complejidad burocrática o los costes empresariales, han incidido en una caída del 13 % del indicador, que mide la confianza internacional en la economía española.
No obstante, el país mantiene una posición «sólida» en el contexto global, con fortalezas estructurales consolidadas.
Durante la presentación del informe, Emilio Guevara, socio de Kearney, destacó que el puesto de España sigue siendo «bastante bueno», respaldado por una localización estratégica, una infraestructura de primer nivel, un mercado laboral cualificado y el liderazgo en sectores como turismo y energías renovables.
