¿Qué pasó con aquel dogma del que presumíamos antaño, que decía que España se había configurado como destino preferente de las inversiones a nivel mundial?
Los últimos datos del Banco de España son devastadores: los inversores sacaron de España cerca de 19.400 millones de euros el pasado mes de marzo, frente a los 800 millones que sacaron un mes antes. Estas cifras se vuelven mucho más alarmantes, si tenemos en cuenta que en marzo de 2014 los inversores inyectaron en nuestro país 900 millones de euros.
Estas cifras, como todo, tienen muchas lecturas. Para algunos sectores del país, se debe a la incertidumbre política que ha generado la llegada de los nuevos partidos emergentes, sin un programa electoral fiable, que se van "colando" poco a poco en los gobiernos municipales y autonómicos de España, y que aspiran a gobernar el país ganando las próximas elecciones generales.
Para otros, simplemente es que España, por mucho que se empeñen algunos, no va bien, y su economía no se está recuperando al ritmo que debiera.
En un ejercicio de autocrítica, gran parte de la "culpa" también viene de las políticas fiscales nada favorables para las empresas, que son las verdaderas generadoras de empleo y las que apuntalan el crecimiento de un país.