¿Está la economía estadounidense en recesión o no? Esta es la pregunta que se hacen numerosos inversores a raíz de la caída del producto interior bruto (PIB) estadounidense por segundo trimestre consecutivo en la primera mitad del año, definición que habitualmente corresponde a una recesión.
No obstante, en un contexto de fuerte crecimiento del empleo, de desempleo históricamente bajo y de sólido crecimiento del gasto de los consumidores, el panorama no concuerda con el de una recesión convencional. En consecuencia, ¿qué conclusión se puede extraer?
Depende a quien se pregunte. Ante el aumento de los precios de los alimentos, la energía y la vivienda a un ritmo superior al de los salarios, el consumidor medio estadounidense probablemente diría que sí. En mi opinión, nos encontramos al borde de una recesión o estamos entrando en la misma.
Para contextualizar la situación, cabe señalar que en los últimos 70 años la duración media de una recesión en EE. UU. ha sido de unos 10 meses con una caída del PIB del 2,5%. En opinión de Franz, la siguiente recesión podría ser más grave que la media, si se mantienen las tendencias actuales, pero menos severa que la Gran Recesión de diciembre de 2007 a junio de 2009.
¿Cuándo se podrá saber con certeza?
El árbitro oficial de las recesiones en EE. UU., la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), se demora en dar su opinión. Este grupo sin ánimo de lucro tiene en cuenta múltiples factores además del PIB, como los niveles de empleo, la renta de los hogares y la producción industrial. Habida cuenta de que la NBER no suele revelar sus conclusiones hasta seis o nueve meses después de que haya comenzado la recesión, probablemente no se produzca un anuncio oficial hasta el año que viene.