Tras los movimientos del mercado del viernes y durante el fin de semana, la sesión del lunes no ofrecía ningún alivio. A primera hora, los mercados de renta variable de Japón experimentaron sus mayores pérdidas desde 1987, siendo el repunte del yen uno de los principales motivos.
El índice de volatilidad de referencia VIX experimenta por sí mismo una gran volatilidad, al pasar de poco más de 20 a más de 60 en pocas horas. Los niveles más altos desde el estallido de la pandemia de Covid, a principios de 2020. El popular «Trump trade», que ha dominado el sentimiento del mercado en las últimas semanas, ha invertido su curso. Este cambio ha contribuido a que las acciones estadounidenses de pequeña capitalización, el dólar estadounidense y las criptodivisas hayan caído en picado.
En términos más generales, el mercado se dio cuenta de que el mantra «las malas noticias son buenas noticias» podría convertirse en una nueva realidad: las malas noticias son, en efecto, malas noticias. Además del flujo de malas noticias macroeconómicas del viernes, la liquidez estacionalmente baja también desempeñó su papel en la caída del mercado.
Empezando por el S&P 500 en EE.UU., vemos un mercado cuyo precio era perfecto, con unos inversores que mostraban un alto grado de complacencia, reflejado, por ejemplo, en los bajos niveles del VIX en los últimos meses. El estrecho margen de error de los principales índices bursátiles se reflejó en una relación precio/beneficios (PER) de 21,5, significativamente superior a su media a largo plazo. Aunque la temporada de resultados ha sido sólida, crece la inquietud sobre la capacidad de recuperar los cuantiosos gastos de capital (capex) relacionados con la Inteligencia Artificial.
En el frente macroeconómico, los datos de empleo de la semana pasada confirman por fin el impacto de las subidas de tipos de interés de la Reserva Federal (Fed). Aunque el mercado está reaccionando a la noticia como si fuera una revelación, no nos sorprende del todo: las leyes de la gravedad económica se aplican a Estados Unidos como a cualquier otra nación. Este cambio se ve impulsado por la constatación de que el estímulo fiscal que ha apuntalado la economía se está desvaneciendo y se está dejando sentir todo el impacto del endurecimiento (monetario) de la Reserva Federal.