En los últimos cuatro meses de 2019, las estrategias de Event- Driven arrojaron rentabilidades dispares en un contexto de revalorización de los mercados de renta variable. Algunas estrategias experimentaron dificultades, como los fondos de situaciones especiales/reestructuraciones, mientras que otras se anotaron rentabilidades similares a las de los índices bursátiles.
La estrategia activista fue la más rentable de este universo, puesto que los gestores, que tienden a mantener exposiciones muy concentradas y largas netas en renta variable, aprovecharon gran parte del repunte en esta clase de activos. Los activistas estaban especialmente expuestos a los sectores mejor orientados durante el periodo, como TI y finanzas.
Los gestores de arbitrajes de fusiones se anotaron una rentabilidad satisfactoria durante el periodo pese a unos diferenciales extremadamente ajustados. La situación fue más perjudicial para los gestores de activos no denominados en USD debido al elevado coste de la financiación. El flujo de acuerdos de fusiones y adquisiciones mundiales se ralentizó hacia finales de año y se estabilizó en un nivel respetable.
Pese al renovado optimismo aparente en el índice de confianza de los CEO, los niveles continúan rondando cotas previas a la era Trump. Creemos que no hay razones concretas para que el panorama mundial de transacciones mejore, en vista de los pocos cambios registrados en las perspectivas de la guerra comercial, a excepción de la financiación, que recientemente se ha abaratado. Vemos oportunidades en Japón, donde el primer ministro Abe contribuyó a integrar el cambio corporativo tras años de letargo.
En los últimos cuatro meses de 2019, los gestores de Relative Value ganaron dinero, borrando así las rentabilidades generales de anémicas a negativas registradas a mediados de año y aumentando el buen tono de los primeros meses.