Es evidente que la gestión pasiva cumple una función para los inversores. Y su crecimiento en los últimos años así lo demuestra. Sin embargo, numerosas voces apuntan a la contradicción que supone que muchos gestores considerados ‘activos’ empleen estrategias de indexación, a pesar de que las comisiones de sus productos son más elevadas, como corresponde a los fondos de gestión activa.
"No estamos en contra de la gestión pasiva, creemos que cumple una función", explicaba en una reciente presentación de W4i Juan Carlos Ureta, presidente de Renta 4 Banco, advirtiendo que "muchos productos activos se venden como tal cuando realmente no lo son".
Entonces, ¿qué debe hacer un inversor para conocer si su gestor es realmente activo? En un reciente estudio, Chris Wagstaff, Director de Educación en Inversión y Pensiones de Columbia Threadneedle Investments, analiza este contexto, criticando que el debate entre gestión activa y pasiva se ha centrado durante demasiado tiempo en los conceptos de rentabilidad relativa y coste, "en lugar de prestar atención a un factor más relevante: el coste con respecto al valor añadido".
Es decir, la habilidad del gestor para obtener una rentabilidad superior de manera constante. En este sentido, apunta a varias características que el inversor debe tener en cuenta a la hora de seleccionar un gestor activo:
– Observar que se esté llevando a cabo un proceso de inversión contrastado y repetible que englobe los procesos de valor añadido y las ideas de inversión del gestor.