Desde principios de año, el oro ha subido más del 10% gracias, principalmente, a los bancos centrales y, más concretamente, a China.
Al gigante asiático le sobran los dólares, ya que sus exportaciones superan ampliamente sus importaciones, y para algunos de sus principales socios, como Rusia o Irán, recibir estos dólares ya no es muy útil debido a las sanciones. Por ello, están vendiendo actualmente petróleo, uranio o trigo, aceptando el oro como medio de pago.

Las tensiones geopolíticas es otro de los motivos que está impulsando su precio. La victoria electoral de Putin y la posible vuelta a la Casa Blanca de Donald Trump aumentará sin duda la inestabilidad y la incertidumbre en el planeta. Sin ir más lejos, Europa y Taiwán podrían ser los siguientes puntos de enfrentamiento mundial.
Además, en los últimos días, el bombardeo en la embajada de Irán en Siria ha provocado una escalada de tensión importante en Oriente Medio. Israel cada vez tiene menos respaldo internacional y podría facilitar que Irán cumpla su venganza.

El riesgo de impago o default por parte del gobierno americano está poniendo en alerta a los inversores, que buscan refugio en el oro. En estos momentos supera los 35 billones de dólares, lo que equivale a una deuda de más de 102.000 dólares por ciudadano, creciendo a un ritmo de 1 billón cada tres meses.
