La economía de la UE está rodeada de tensiones internacionales y acosada por el interior de problemas políticos o de gobernanza. La guerra comercial de Trump, el desenlace del brexit, la política monetaria ultra laxa que carcome los márgenes del sistema bancario, el estancamiento y endeudamiento de Italia o la rápida conversión de la industria del motor alas nuevas reglas medioambientales son factores que nublan desde hace meses los cielos europeos.Y siguen sin despejarse.De ahí la precaución sobre la evolución de la economía en el siguiente semestre.
Los últimos datos del PIB muestran que la economía de la eurozona creció un 0,4% en el primer trimestre, y una décima más en toda la UE, el doble que a finales del año pasado, gracias a un aumento sostenido del empleo y a la recuperación de Alemania. La principal economía europea estuvo a punto de entrar en recesión en el último trimestre de 2018 pero parece que en 2019 su horizonte se despejará ligeramente. Alemania creció cinco décimas el pasado trimestre, apenas dos menos que España, otro de los motores actuales del continente.
“Finalmente podemos detectar algunas razones para estar alegres”, escribe Peter Vander Houte, economista jefe para la Eurozona de ING, sobre estas últimas cifras. “Pero no hay necesidad de sobreexcitarse”,apunta el economista, “mientras que es todavía prematuro esbozar una recesión en Europa en los próximos doce meses, tampoco se espera una aceleración significativa del crecimiento”.
Desde el banco holandés aseguran sentirse “todavía cómodos con nuestra previsión de crecimiento del PIB del 1,2% tanto para 2019 y 2020, aunque 2021 puede ver una ralentización hasta sólo el 0,9%”.
¿UNA EUROZONAJAPONIZADA?