“Las probabilidades de una recesión económica en la eurozona están aumentando rápidamente”. Los economistas de Oxford Economics lanzan la alerta que evitan desde hace meses los políticos europeos mientras hablan de una ralentización superior a lo esperado o de crecientes riesgos bajistas.
El BCE viene de rebajar sus previsiones de crecimiento para la eurozona. En una décima hasta el 1,1% la de este año y en dos décimas la del próximo año, situando la expansión sólo en el 1,2%. Su todavía presidente, el italiano Mario Draghi, justifica ante el Parlamento Europeo el nuevo QE lanzado por la institución monetaria precisamente debido a este preocupante entorno económico.
Era “esencial una respuesta fuerte en nuestra política monetaria”, explicó Draghi a los eurodiputados porque “cuando el Consejo de Gobierno se reunió se enfrentó con una ralentización más rápida y larga, riesgos bajos persistentes y predominantes en las previsiones de crecimiento y un retraso aún mayor de la inflación hacia nuestro objetivo”.
Los últimos datos de inflación apuntalan la necesidad de esta intervención. Los precios cayeron al 0,9% interanual en septiembre, principalmente por una aportación negativa de casi dos puntos de la energía. Hay problemas de fondo: la inflación subyacente está en valores similares, países como Chipre o Portugal ya experimentan un retroceso interanual de precios mientras que Italia, Grecia o España coquetean también con esa deflación, según los datos de Eurostat.
“Seguro que los precios de la energía posiblemente impulsarán la inflación en los próximos meses, pero eso no resultará en un movimiento sostenible hacia el objetivo del 2%”, analiza Bert Colijn, economista senior de ING para la eurozona. Esta fotografía “debería preocupar al BCE ya que podría persistir por los miedos a la recesión”, cree Colijn.