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Durante años, Excel ha sido el gran pegamento de las empresas. Presupuestos, planificación, control de proyectos, seguimiento comercial, reporting… todo cabe en una hoja de cálculo. Y funciona. Hasta que deja de hacerlo.
El problema no es Excel. El problema es no saber cuándo Excel ya no es una herramienta, sino un síntoma.
Cuando Excel empieza a mandar más que el negocio
En muchas empresas el salto no se produce por una gran crisis, sino por pequeñas fricciones acumuladas. Un archivo que solo entiende una persona. Versiones que se duplican. Cierres mensuales que dependen de copiar y pegar. Decisiones que se retrasan porque «los números todavía no están».

Una empresa de servicios profesionales con 60 empleados lo descubrió cuando su CEO se dio cuenta de que el comité de dirección dedicaba más tiempo a discutir qué dato era correcto que a decidir qué hacer con él. No era un problema de talento ni de estrategia. Era un problema de sistema.
Excel había dejado de ser una herramienta de apoyo para convertirse en el centro neurálgico del negocio, sin control, sin trazabilidad y sin responsables claros.



