Toda inversión pretende conseguir un retorno, más allá de la imagen de progreso y modernidad que se pueda obtener. Seshu Bhagavatula, encargado de nuevas tecnologías en uno de los principales fabricantes indios de vehículos pesados, asegura que su objetivo es «mejorar la productividad» de sus fábricas, modernizándolas y digitalizándolas.
Sus palabras hacen referencia a lo que ya ha dejado de ser una tendencia y es una realidad: la instauración de fábricas inteligentes en el sector de la automoción. El segundo objetivo de Bhagavatula es asegurar una mayor calidad en tareas más comprometidas para la mano de obra humana; y el tercero, es el de poder trabajar bajo demanda, esto es, disponer de los recursos de la fábrica cuando se produzcan pedidos.
Los objetivos del sector, en cifras, pasan por mejorar la productividad un 35% entre 2017 y 2023, si bien hasta ahora la realidad está lejos de esa aspiración, según analiza un estudio del Instituto de Investigación de Capgemini. Si se consiguiera alcanzar esa mejora del 35%, el aumento de la productividad se estima en 167.000 millones de dólares para el conjunto del sector.
Para conseguir esa meta, el sector está realizando un esfuerzo que asciende al 2,16% de sus ingresos, aunque se espera que la inversión se eleve al 3,51% en los próximos años. El destino de estas inversiones es variado, desde instalaciones de nueva construcción hasta la adaptación de infraestructuras ya existentes.
Cabe decir que se trata de una inversión a considerar, ya que una nueva instalación puede alcanzar un coste de entre 1.000 y 1.300 millones de dólares por fábrica que, según el informe de Capgemini, requiere un mayor desembolso que la adaptación de una fábrica ya construida, «pero resulta significativamente más fácil hacerlas eficientes desde su diseño».