Ajustes de excesos pasados y debilidad económica, cambio de modelo de crecimiento e impacto de la inestabilidad de los mercados son las tres fuentes principales de preocupación que identifica el Fondo Monetario Internacional (FMI) en lo que respecta a los países en desarrollo. Incertidumbres que han derivado en una desaceleración de la entrada de dinero internacional en estas regiones, flujos que marcaron mínimos desde el inicio de la crisis en los primeros meses de este 2015.
Aunque la tendencia bajista de estas compras parece haber retrocedido por el momento y "el posicionamiento aún defensivo podría apoyarles hasta finales de año, las perspectivas a medio plazo siguen siendo un reto", en opinión de Barclays.
La firma británica considera que más allá de que la economía y las commodities logren asentarse, la primera subida de tipos en Estados Unidos en casi una década, la escalada del dólar y la volatilidad relacionada con las dudas que aún planean en torno a China, marcarán la pauta en el año que comienza.
Un entorno, afirman, en el que los factores técnicos seguirán siendo catalizadores clave del comportamiento de los distintos activos. "Vemos oportunidades para largos concentrados en lugares donde las valoraciones se han ajustado y las autoridades usan la relativa estabilidad macro para crear ‘colchones’ con los que salvaguardar los fundamentales".
En concreto, apuesta por largos en dólar/zloty polaco, real brasileño, shekel israelí y yuan. Así como por deuda a corto plazo brasileña, y a largo mexicana (diez años) e india (15 años). Mientras que infrapondera bonos soberanos de Turquía y Sudáfrica, se declara más cauta en Indonesia y sugiere cambiarla por Colombia y Rusia. En el plano corporativo, recomiendan "grandes nombres de calidad": Grazprom, Lukoil y, por valoración Petrobras; las también brasileñas Marfrig y JBS; y e inmobiliario chino; y se declaran cautos en metales, mineras y banca.