La idea surgió de un acto cotidiano: ver a su padre frustrado con unas gafas progresivas rígidas que costaban mucho y no cambiaban con la moda ni con las necesidades funcionales.
Esa imagen se quedó en la mente de Àlex Abril, entonces estudiante de negocios en Toulouse, y encendió la chispa de lo que hoy es Flipo, una startup que ha puesto patas arriba el mercado tradicional de las gafas.
La idea es simple y poderosa: ¿y si una sola montura pudiera transformarse en muchas? Flipo propone gafas 100% intercambiables, donde la montura principal se combina con varillas y clips intercambiables que permiten desde protección solar y filtro de luz azul hasta estilos distintos según el día o la ocasión.
Ese diseño modular desbloquea hasta 9.000 combinaciones posibles a partir de un mismo par.
Proyecto de éxito
Pasar de la idea al proyecto exigió encontrar un modelo funcional y atractivo. Flipo consolidó un sistema de sujeción patentado en 158 países que combina imán, retención mecánica y muelle de comprensión para garantizar confort y durabilidad.
Además, la marca optó por un enfoque híbrido de venta: gafas graduadas disponibles en ópticas asociadas y accesorios comercializados online, conectando lo físico y lo digital desde el inicio.
Ese enfoque ha dado frutos. En apenas tres años la startup ha vendido unas 30.000 gafas y cuenta con más de 50 empleados y una red de más de 500 ópticas asociadas en España, Italia y Portugal, apoyándose en el comercio local e independiente.
Más allá de lo estético
El impacto de Flipo va más allá de la moda: busca reducir el desperdicio y el coste para el consumidor. En vez de comprar múltiples gafas según estación, función o tendencia, con una sola montura modular la persona puede adaptarse y evolucionar.
Hoy, con presencia física en Europa consolidada y con acuerdos en Sudáfrica, Arabia Saudí y Costa Rica, Flipo prepara su salto a México y otros mercados globales, llevando su visión de gafas sostenibles y personalizables a nuevos públicos.