El fracaso empresarial, durante años un estigma en España y Europa, comienza a resignificarse. Cada vez más voces, tanto desde el ámbito corporativo como desde el ecosistema emprendedor, coinciden: una quiebra no tiene por qué ser el final. Puede ser solo una etapa más dentro del ciclo de vida de una compañía.
La clave no está solo en evitar el colapso, sino en saber cómo actuar cuando ocurre, aseguran diversos directivos que reaccionaron ante la caída de sus proyectos empresariales.
Mientras los datos revelan un escenario empresarial especialmente complejo, algunas compañías —grandes y pequeñas, tradicionales y tecnológicas— han logrado lo impensable: resurgir tras tocar fondo. ¿Cómo lo hicieron? ¿Qué aprendieron? ¿Qué puede extraer el resto del tejido empresarial de esas experiencias?
¿Qué hay detrás de un fracaso?
Las causas que empujan a una empresa al concurso de acreedores o a la disolución son tan variadas como los sectores que afecta. No existe una receta única para el colapso, pero sí patrones que se repiten.
Muchas de las compañías que hoy intentan levantarse reconocen haber crecido demasiado rápido, sin validar modelos sostenibles. En el caso de startups, la inyección constante de capital alimenta una falsa sensación de éxito que puede durar hasta que se agota la financiación o se produce un shock externo.


