El coronavirus ha obligado a los gobiernos a establecer medidas en base prueba-error. El error es parte de la resolución de problemas, pero conlleva un gran coste. Por un lago, está el coste humano; no hace falta decirlo en el caso de una pandemia, y además el económico, si las restricciones resultan inadecuadas. También conlleva un coste político para los responsables de la toma de decisiones, que operan en un universo de incertidumbre bajo la lupa de la opinión pública, las críticas de la oposición e incluso la presión de los países vecinos. En enero de 2021, la economía francesa está operando a un 7% por debajo del nivel normal, como en diciembre, frente a un -11% en noviembre y un -30% en primavera. Esto muestra una gran capacidad de adaptación a las restricciones.
Lo que esperamos de esta quincena
Es difícil decir cuál es la que más agota la moral de los agentes económicos, la pandemia o la infodemia, es decir, la omnipresente cobertura mediática de la pandemia y la retórica ansiosa que la acompaña. La excelente noticia de que se habían descubierto varias vacunas eficaces contra el coronavirus y su posterior aprobación por las autoridades sanitarias debería haber sido una oportunidad para subrayar la perspectiva de un previsible fin de la pandemi, pero en Francia esto dio lugar a un fiasco de comunicaciones por parte del gobierno. En este comienzo de año, estamos analizando la economía francesa y sus perspectivas que, huelga decir, dependerán en gran medida de los posibles cambios de las medidas sanitarias en las próximas semanas.
Según las últimas encuestas de confianza realizadas en diciembre y a principios de enero, la señal es unánimemente… positiva. Los tres proveedores de encuestas de clima empresarial (INSEE, Banco de Francia, Markit) han registrado una mejora. También hubo un importante repunte de la confianza de los hogares a finales de año vinculado a la ligera disminución de las restricciones sanitarias. Ni las tendencias recientes de los índices de confianza ni su nivel absoluto apuntan a un descenso repentino de la actividad. Siguen existiendo grandes disparidades entre los sectores y subsectores. En la industria, el nivel de actividad es más o menos normal en los productos químicos y agroalimentarios, débil en la automoción y deprimido en el sector aeroespacial.
En los servicios, no hay comparación entre los servicios financieros e inmobiliarios que se encuentran en su nivel prepandémico y el sector de la hostelería que está en gran medida cerrado. En total, el nivel actual de actividad se estima en un 7% por debajo de lo normal, con un aumento de 4 puntos desde noviembre (gráfico lhs). El segundo cierre tuvo un impacto más limitado en la movilidad y la actividad que el primero, lo que indica que la economía se está adaptando a las restricciones con la adopción de nuevos modos de trabajo y de gasto (gráfico rhs).
