Entramos y lo primero que impone no es el mobiliario, es el techo. Una pintura clásica domina la sala de reuniones principal y convierte el espacio en algo más cercano a un museo que a una oficina.
Aquí se entiende desde el primer momento que el proyecto no parte de cero: parte de la rehabilitación de dos locales históricos en pleno centro de Valencia.
La Fundación Hortensia Herrero ocupa 500 metros cuadrados distribuidos en dos plantas, anexos al futuro centro de arte contemporáneo. La intervención debía resolver un reto complejo: adaptar el espacio a las necesidades actuales sin perder los elementos patrimoniales que le dan identidad.

Las paredes blancas contrastan con columnas ornamentadas en tonos bronce y dorados. El pavimento claro refuerza la entrada de luz natural a través de los ventanales originales, mientras la carpintería restaurada mantiene la lectura histórica del inmueble.
Patrimonio que no se esconde
Avanzamos hacia una de las salas de reunión y el suelo cambia. Aparece el pavimento Nolla original, conservado y visible bajo una caja acristalada contemporánea. La arquitectura nueva no compite con la antigua: la enmarca y la protege.


