El petróleo está experimentando una gran revalorización durante las últimas jornadas hasta colocar ya al barril de brent de referencia en Europa, en precios superiores a los 90 dólares. Los motivos a los que responde este incremento del crudo son el recorte de la producción por parte de Rusia y Arabia Saudita, a lo que se suman las tensiones geopolíticas, entre otros factores.
Arabia Saudita y Rusia acordaron mantener las restricciones de producción y exportación de petróleo hasta finales de 2023, lo que ha provocado que el petróleo suba hasta un 25% en lo que llevamos de la segunda parte del año.
Como explica Norbert Rücker, director de Economía e Investigación de Próxima Generación, en Julius Baer, el anuncio saudí de prolongar sus recortes de suministro hasta finales de año proporcionó el impulso alcista necesario. Sin embargo, los precios del petróleo a los niveles actuales parecen desafiar la dinámica fundamental. Los recortes saudíes se ven compensados en gran medida por sus homólogos, incluido Irán, y es poco probable que China aporte mucho al crecimiento de la demanda mundial de petróleo en el futuro, dados sus retos económicos y su rápida transición energética.
Por su parte, Ben Laidler, estratega de mercados globales de eToro, considera que la escalada del petróleo se produce en un contexto de resistencia de la demanda de petróleo, en el que el mayor comprador, China, está aplicando una política de estímulo a cuentagotas y EE.UU. está reconstituyendo sus reservas estratégicas.
La escalada del precio del petróleo ha reavivado los temores ante la inflación. En un contexto en el que la inflación parece que va controlándose poco a poco, tras dejar atrás los meses en los que se encontraba disparada a nivel mundial, muchos temen que la subida del petróleo pueda impactar directamente en los datos de IPC y se vuelvan a incrementar las tasas.