Consideramos que la recesión se ha retrasado, pero no evitado. Estados Unidos siguió creciendo a finales del año pasado y parece haber comenzado 2023 con buen pie. Los economistas están ahora aplazando o descartando una recesión en EE.UU. que se esperaba hace sólo unas semanas. Entonces, ¿por qué Estados Unidos ha desafiado a los escépticos y se ha mantenido resistente frente a un importante endurecimiento monetario?
La quiebra del Silicon Valley Bank (SVB) ha complicado el panorama y provocará cierto endurecimiento de las condiciones financieras y cautela por parte de los inversores. Nuestra opinión es que esto frenará el crecimiento, pero en este momento no parece ser lo suficientemente sistémico como para causar una contracción del crédito más general y una recesión. La situación es fluida, pero la Reserva Federal (Fed) ha seguido subiendo los tipos (en 25 puntos básicos en su última reunión de política monetaria de 22 marzo).
En consecuencia, en este artículo analizamos de forma más amplia los factores que subyacen a la reciente resistencia de la economía estadounidense. Nuestra opinión desde hace tiempo era que el impacto del encarecimiento de la energía, junto con el aumento de los costes salariales y de los pagos de intereses debilitaría la demanda y provocaría la contracción del sector empresarial.
Ha habido algunos indicios de ello en sectores como el tecnológico, que ha estado recortando puestos de trabajo tras expandirse rápidamente durante los confinamientos por la pandemia. Un proceso que puede acelerarse tras la quiebra de SVB. Sin embargo, no hemos visto despidos generalizados en toda la economía, ni un gran aumento del desempleo, que se mantiene cerca de mínimos históricos.
Las empresas siguen informando de la escasez de trabajadores y las ofertas de empleo son boyantes, con casi dos vacantes por cada desempleado. El mercado laboral no se ha deteriorado como se esperaba.