Mantener unida a una familia exitosa es una tarea muy estresante. Si no, que le pregunten al primer ministro japonés, Shinzo Abe. Con los líderes de las principales economías mundiales a punto de llegar a Ise-Shima para la reunión del G7, Abe ha prometido negociaciones "simples" y "fructíferas" para abordar los desafíos a los que se enfrenta el crecimiento global. Sin embargo, en un contexto de débil actividad, las dudas sobre la efectividad de la política monetaria y las acusaciones dedevaluaciones de divisa agresivas, hace que sea más fácil decirlo que hacerlo.
Así que, ¿qué esperamos del G7 y qué podemos esperar siendo realistas? Nos gustaría ver avances en tres áreas principales: políticas monetaria, fiscal y estructural. El crecimiento económico y la inflación permanecen anémicos, a pesar de los siete años de excepcionales estímulos monetarios. En este contexto, el G7 necesita reforzar la credibilidad de los bancos centrales, mientras reconoce los efectos negativos de la acción monetaria.
Lo que no queremos es ningún signo de ruptura en el compromiso del G20 de evitar las desestabilizantes guerras de divisas. Con un reciente número de países, entre los que se encuentra Japón, que se han incorporado a la ‘lista de vigilancia de Estados Unidos de potenciales manipuladores de divisas, este es claramente un asunto sensible. Al mismo tiempo, algunos comentarios reflejan que los límites de los tipos de interés negativos serían de ayuda a la hora de canalizar las preocupaciones sobre su impacto en el sistema financiero internacional. Estas palabras deberían llegar acompañadas de un compromiso que mantenga la confianza en la independencia de los bancos centrales y su entera disposición de una gama de herramientas que les permitan trabajar en favor de la economía global.
Pero la política monetaria por sí sola no puede solucionar los problemas del mundo. El país anfitrión del encuentro ha reconocido que: a pesar de tener la deuda pública en torno al 230% del PIB, Japón ha combinado durante los años anteriores una política monetaria activista con estímulos fiscales sin precedentes, algo que ha tenido un resultado mixto. El presidente Abe debería dar ejemplo en Ise-Shima, con un nuevo paquete fiscal de cerca de 10 billones de yenes.Posponer la subida del IVA para el próximo año sería menos probable ya que los datos de crecimiento económicohan sido mejores de lo esperado. Dada la fragilidad de la economía japonesa, sin embargo, el señor Abe sería imprudente si descartara por completo esta subida.
Tendría mucho sentido que el G7 impulsara el gasto en infraestructuras. ¿Pero cuáles son las oportunidades incluso en un mundo en el que los costes de la financiación son excepcionalmente bajos? El canadiense Pierre Trudeau es ciertamente entusiasta (declarando que en el debate entre austeridad e inversión, él se encuentra en el lado de la inversión). Reino Unido y Alemania podrían llevar a cabo este impulso, pero no están dispuestos; mientras que Francia e Italia pueden tener ganas, aunque sus compromisos con la zona euro reducen su margen de maniobra. En el caso de Estados Unidos, la proximidad de las elecciones presidenciales reduce la capacidad de acción de Obama. Así que es improbable que el G7 impulse una coordinación fiscal.