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Durante años, la palabra «juego» estuvo fuera del vocabulario corporativo. Sonaba a pérdida de tiempo. Hoy, es todo lo contrario. La gamificación, es decir, aplicar dinámicas propias de los juegos en entornos laborales, se ha convertido en una herramienta estratégica dentro de las empresas.
Y no, no es solo para atraer clientes con puntos y recompensas: es una estrategia de gestión interna cada vez más sofisticada.
Aunque su origen se vincula al marketing, su impacto más profundo se está viendo dentro de las oficinas. Desde procesos de selección hasta planes de formación y fidelización de empleados, cada vez más empresas están descubriendo que la motivación se puede construir jugando.

Captar talento como si fuera un juego
El primer gran punto de contacto entre empresa y profesional es el proceso de selección. Ahí, la gamificación entra con fuerza. Firmas como L’Oréal o PwC han implementado juegos de simulación, retos online y dinámicas competitivas para evaluar a los candidatos en tiempo real, midiendo habilidades blandas como liderazgo, creatividad o toma de decisiones.
Esto no solo mejora la experiencia del postulante, que encuentra un proceso más dinámico y menos intimidante, sino que permite detectar talento de manera más precisa y eficiente. Además, al convertir el proceso en una especie de reto, atrae perfiles proactivos y con ganas de involucrarse desde el primer minuto.


