La búlgara Kristalina Georgieva ha conseguido ganarse la confianza para encabezar el Fondo Monetario Internacional (FMI). La institución, formada por 189 países miembros, se ha decantado por la hasta ahora consejera delegada del Banco Mundial. De este modo, sucede en el puesto a la francesa Christine Lagarde, que pasará a encabezar el Banco Central Europeo (BCE).
«Es para mí un gran honor haber sido seleccionada como directora gerente del FMI y agradezco la confianza que todos los países miembros del FMI y el directorio ejecutivo han depositado en mí. Quisiera rendir homenaje a mi predecesora -Christine Lagarde- una gran líder y querida amiga, cuya visión e incansable trabajo han contribuido tanto al continuado éxito del FMI», ha asegurado la nueva responsable de la institución.
Un camino que se vio allanado después de que el directorio ejecutivo eliminara el límite de 65 años de edad como máximo para poder acceder al cargo -Georgieva tiene 66- tal y como recogían los estatutos. Eso sí tendrán prohibido ejercer el cargo una vez cumplan los 70 años edad. En su carrera por encabezar el FMI antes tuvo que enfrentarse a la española Nadia Calviño y el holandés Jeroen Dijsselbloem, entre otros como candidatos europeos.
Aunque no será hasta el próximo 1 de octubre cuando asuma de manera oficial el puesto, en la agenda de Georgieva ya figura una reunión de trabajo mantenida ayer con el ministro argentino de Hacienda, Hernán Lacunza. Precisamente la crisis de Argentina y la desaceleración económica que se vive a nivel mundial son los dos principales retos a abordar por esta economista y socióloga.
«Es una enorme responsabilidad estar al frente del FMI en un momento en el que el crecimiento económico mundial sigue siendo decepcionante, persisten las tensiones comerciales y la deuda se sitúa en niveles históricamente elevados«, señaló al tiempo que remarcó que su prioridad pasa por minimizar el riesgo de crisis sin olvidar los objetivos del FMI a largo plazo. En concreto, se trata de ejecutar políticas monetarias, fiscales y estructurales sin olvidar otros riesgos como la desigualdad, los problemas climáticos y el avance tecnológico. «Mi objetivo es seguir fortaleciendo el FMI para convertirlo en una institución aún más orientada hacia el futuro y atenta a las necesidades de nuestros países miembros», añadió al respecto.