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¿Quién controla realmente a la inteligencia artificial cuando empieza a decidir? La pregunta ha dejado de ser teórica. La IA ya no vive en laboratorios ni en pruebas piloto. Opera en capas críticas del negocio.
Decide sobre crédito, selección de talento, precios o eficiencia operativa. Y eso obliga a las empresas a construir sistemas de supervisión sólidos y permanentes.
La respuesta no pasa por un único departamento. Exige una arquitectura transversal de control, que combine estrategia, normas internas, supervisión técnica, ética y auditoría. Un modelo que trata a la IA como lo que es: un sistema de toma de decisiones con impacto real.
Gobierno estratégico de la IA
La primera capa se sitúa en la cúpula directiva. Consejos de administración y comités ejecutivos ya incorporan la IA como un asunto estratégico, al mismo nivel que las finanzas o la ciberseguridad. Aquí se fijan los límites: qué usos están permitidos, cuáles quedan excluidos y qué riesgos no se asumen.

Muchas organizaciones han creado comités de IA o de tecnología responsable, con perfiles de negocio, legal, riesgos y sostenibilidad. No se audita el algoritmo, sino su impacto reputacional, legal y económico. Por ejemplo, decidir si una evaluación automatizada puede ser final o debe contar siempre con revisión humana.


