Un ejército de trabajadores con acreditación colgada al cuello empieza a llenar los pasillos del Google Cloud Summit ‘25, el gran evento anual en el que la multinacional tecnológica despliega su músculo en inteligencia artificial, nube y productos innovadores.
La entrada al pabellón no es solo un registro: es un cambio de entorno. De repente, la moqueta, las luces de neón, los mostradores de diseño y el murmullo de las conversaciones técnicas crean una atmósfera futurista. Como si uno cruzara a una realidad aumentada sin gafas.
La cita, que promete novedades de IA, demos interactivas y conversaciones con líderes del sector, ofrece mucho más que charlas técnicas. Desde los primeros metros, el espacio se vive como un parque temático del futuro, con stands de empresas como Red Hat, Elastic, Izertis o Diverger, y un despliegue logístico que busca, sobre todo, impresionar.
En Red Hat, por ejemplo, bastaba con responder a una encuesta para llevarse un sombrero rojo (tuve la increíble suerte de llevarme el último). A pocos pasos, los asistentes se agrupaban frente a una gran pantalla donde un coche de Fórmula 1 servía de anzuelo visual para un minijuego de simulación. Era difícil no dejarse llevar por la estética: pulida, tecnológica, seductora.
Un detalle llamativo es que, a pesar del tamaño del evento, las charlas no se escuchaban. O al menos no de la forma habitual. En el centro del pabellón, se alzaba un curioso hexágono, dividido por paredes en pequeñas salas.
