Para el presidente de este gigante tecnológico, el baremo para juzgar un producto es si es "excepcionalmente bueno". En el caso de que haya competidores en el mercado, la filosofía de su empresa es no hacer lo que hacen otros, sino algo diferente. "Si no podemos aportar algo distinto, mejor no hacerlo. Esto forma parte de nuestro secreto". Quizá por esta razón, Google, en la línea de otros gigantes como Facebook o Amazon, no se quedan en sus orígenes, sino que su crecimiento tiene que ver con la exploración de otros mundos. Literalmente.
Entre sus aventuras empresariales más recientes, Google ha alquilado, durante un periodo inicial de 60 años, un antiguo aeródromo de la NASA al sur de la bahía de San Francisco para proyectos relacionados con la exploración espacial, aviación y robótica. No es la primera vez que los directivos de Google se interesan por el espacio. Desde 2005, Google mantiene una oficina en el centro de investigaciones de la NASA para colaborar en diferentes proyectos.
Otro de sus recientes proyectos tiene que ver con la medicina. La empresa estadounidense está trabajando en el diagnóstico temprano de enfermedades como el cáncer, los infartos o los derrames, ¿cómo? Identificando los cambios bioquímicos de una persona a través de la sangre. El trabajo, en su fase inicial, se encuentra bajo el paraguas de Google X, la unidad de investigación del gigante tecnológico.
Google X es el responsable también de otros proyectos como el de las lentes de contacto que miden el nivel de azúcar presente en las lágrimas, el coche sin conductor, las Google Glasses o los globos estratosféricos creados para llevar Internet a cualquier parte del mundo (Project Loon). Éste último proyecto continúa en su fase piloto con el objetivo de establecer a finales de este año un anillo de conectividad ininterrumpida a lo largo del paralelo 40 en el Hemisferio Sur.
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