"El acuerdo está cerca" fueron las palabras mágicas de los líderes europeos el pasado lunes. Pero queda un largo trecho que recorrer para despejar las incertidumbres sobre Grecia. Ni en el mejor mundo posible, se podrá aprobar una solución que garantice la sostenibilidad del país, ni si quiera satisfactoria para todas las partes. De momento Atenas con la nueva propuesta ha conseguido desbloquear las negociaciones que prácticamente permanecían estancadas desde hace cuatro meses. Hoy empiezan de verdad, una vez que el Gobierno Tsipras ha cedido en aceptar los objetivos de superávit primario, en materia de pensiones retardando la edad de jubilación y limitando las prejubilaciones y aumentar las cotizaciones de trabajadores y empresas. Pero quedan flecos por limar como el IVA y la pretensión de refinanciar la deuda pública. Y todo ello a contrarreloj de alcanzar un acuerdo antes del 30 junio cuando expira el segundo rescate, una fecha que si no se prorroga no habrá posibilidad de inyectar los 7.200 millones a la economía griega.
El Eurogrupo abordará hoy en profundidad el nuevo plan de Atenas y comprobar si durante los próximos tres años, Grecia podrá cumplir con los objetivos fiscales y compromisos financieros. Los ministros de Finanzas del euro no tienen la última palabra para desbloquear las ayudas, pero su veredicto es imprescindible para avanzar en las siguientes fases.
Un día después si hay visto bueno o no, el balón estará en el tejado de los jefes de Estado de la Unión Europea que se reúne el próximo 25 y 26 de junio. La Cumbre estaba prevista desde hace tiempo y se esperaba que Grecia no ocupara la agenda. En el cónclave se iba abordar la gestión de los primeros meses del año y Reino Unido iba a presentar formalmente el referéndum para salir del euro. Será el momento de la alta política para cerrar un acuerdo y para que Tsipras negocie directamente con el resto de socios contraprestaciones a cambio de ceder en las líneas rojas.
Sobre la mesa estará la renegociación de la deuda y un plan de inversiones para garantizar el crecimiento de la economía griega. Merkel y los socios del centro y norte Europa no quieren ni oír la palabra quita, pero existe un consenso generalizado entre los expertos que es imposible que Grecia pague su deuda, que asciende al 180% de su PIB. Los socios eran conscientes entonces, y lo son ahora, de que el nivel es muy alto. La propia canciller alemana y el presidente Hollande dejaron entrever que es posible discutir sobre los vencimientos, los tipos o una extensión de la carencia.
El tiempo corre en contra. Si hay acuerdo solo hay cuatro días para cerrar detalles de que Grecia afronte el pago de 1.500 millones al FMI, el próximo 30 de junio. Sin embargo, no existe tiempo suficiente para que un nuevo Memorándum sea aprobado en los respectivos parlamentos nacionales que exigen someterlo a votación, como Alemania, Finlandia o Austria. Solo el planteamiento de que sea aprobado por las cámaras de estos países ya aporta una incertidumbre de que el acuerdo pueda descarrilar. Pero más difícil será que obtenga el visto bueno del parlamento griego. Syriza ganó las elecciones del pasado mes de enero con la promesa de poner fin a cinco años de austeridad. Tsipras tendrá que vender muy bien el acuerdo para que su propio partido obvie más exigencias fiscales.