La convocatoria de Alexis Tsipras con el corralito en vigor es casi un plebiscito para que los griegos voten si quieren permanecer o romper con el euro. Es decir, este domingo, si nada cambia, el pueblo heleno votarán sobre si aceptan unas condiciones que ya no están sobre la mesa y con impago de facto al FMI de consecuencias imprevisibles, ya que formalmente no supone un default.
Así y todo, el resultado del referéndum será clave para el futuro de Grecia y su permanencia en el euro. Las primeras encuestas realizadas por Proto Thema y To Vina coinciden en pronosticar que los griegos prefieren aceptar las condiciones impuestas por la Unión Europea. El triunfo del sí sería un duro golpe para Syriza. "Los referéndums son a menudo un intento de asegurarse capital político cuando los problemas son muy polémicos y los riesgos particularmente altos. Consultarlo con la gente puede ser un movimiento astuto pero de alto riesgo", explica Paras Anand, director de Renta Variable europea de Fidelity.
El primer ministro, Alexis Tsipras, que defiende que pase lo que pase Europa sus acreedores tienen que aceptar una "solución viable", ha reiterado que "cuanto mayor sea el ‘no’ en el referéndum, mejor será la posición del gobierno" para alcanzar mejores condiciones "cuando la negociación se reanude", ha insistido. "La única forma con la que podemos lograr mejores términos y acabar con el ciclo vicioso de la crisis es permitir al pueblo griego para expresar su opinión".
Por su parte, el ministro de finanzas heleno, Yanis Varoufakis, que ha llegado a afirmar que se cortaría un brazo antes de firmar un acuerdo que no incluya una reestructuración de la deuda, ha indicado que en su opinión, "el acuerdo está cerca".
Mientras Tsipras cree que como mucho 48 horas después del referéndum habrá acuerdo, Varoufakis ha dicho que el Gobierno encontraría un modo de alcanzar un acuerdo con sus acreedores si, aunque no lo espera, los griegos votaran a favor de los términos ofrecidos.