Se habla ya a las claras de una tercera ronda de la famosa guerra de divisas. Lo tiene claro el asesor económico global de Pimco, Joachim Fels. “Las guerras frías de divisas se libran con intervenciones verbales (y tuiteadas) y con acciones encubiertas, como recortes de tasas, orientación a futuro y flexibilización cuantitativa, en lugar de una intervención directa en los mercados de divisas mediante la compra de monedas extranjeras contra el dinero fiduciario nacional”, asegura.
Si hay que poner fecha a la primera ronda de la actual guerra de divisas ésta se podría situar en 2013, cuando el Banco de Japón introdujo la flexibilización cuantitativa y cualitativa que se extendía hasta principios de 2017. El BCE se unía a esa guerra de divisas en 2014 cuanto introdujo la política de tipos negativos para lanzarse después a la compra de activos. “Sin duda, el debilitamiento de sus monedas no fue un propósito explícito ni principal de las acciones de política del BCE y del Banco de Japón”, pero se le dio la bienvenida a una moneda más débil como resultado de estas acciones.
Caso diferente supuso el protagonizado por el Banco Popular de China, que devaluaba de forma deliberada el yuan dos veces en agosto de 2015 y principios de 2016 para frenar la desaceleración de la economía del gigante asiático. Como resultados de todo esto, el dólar se apreciaba entre 2015 y 2016 frente a las principales monedas. Es decir, el BCE, el BoJ y el Banco central chino salieron victoriosos de la primera ronda de la guerra de divisas.
Segunda ronda: llegada de Trump
La llegada de la administración Trump al poder en EE.UU. supuso, de facto, la apertura de una segunda ronda de esta guerra de divisas permanente en la que nos encontramos. Tanto el presidente como el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, alzaron la bandera de la política del dólar débil y el billete verde se debilitó durante 2017 de modo que, a principios de 2018, la administración estadounidense podía darse por vencedora de la segunda ronda.