El euro fue una decisión política. Y como tal, se pusieron unas condiciones de entrada que fueran relativamente "fáciles" de asumir: déficit, deuda, inflación y tipos de interés de largo plazo. ¿No les parecen unas condiciones fáciles? Por de pronto, eran condiciones sólo monetarias. En un escenario, entre 1995 (se crea el nombre) y 1999 (se introduce oficialmente) de fuerte crecimiento en las economías de la zona pese a las diferentes crisis en las economías emergentes. Eran otros tiempos.
¿Y la integración fiscal? De hecho, tampoco se pusieron condiciones de renta o de tipo macro. Se asumía que, bajo el PEC (Pacto de Estabilidad y Crecimiento), la ortodoxia y disciplina fiscal en un contexto de estabilidad financiera ofrecerían un contexto necesario y suficiente para que realmente fuera una Zona Monetaria Optima (ZMO). Ya sabemos que esto no fue así. Y que aún no lo es.
Una ZMO es una región donde la unión monetaria es sostenible, como colofón de la integración económica. Por todo lo anterior, ya sabemos que en el caso del euro se comenzó por el final: la integración monetaria obliga a la económica.
Cuando se habla de una ZMO se espera que cumpla cinco criterios: movilidad laboral, de capital, flexibilidad de precios y costes, momentos similares en ciclos económicos que también lo son y algún tipo de mutualización de riesgo fiscal. Es obvio que estamos lejos de cumplir estas condiciones. De hecho, la propia integración financiera en Europa sigue avanzando pero lejos de completarse. Por lo que respecta al resto de los factores, quizás sea el último de integración fiscal el que haya motivado más lectura. Incluso en estos momentos en que hay un creciente temor a un resultado adverso en Reino Unido sobre la continuidad de su permanencia en la Unión Europea (UE). Algunos analistas defienden que, como medida de defensa, la Zona Euro debería confirmar la integración fiscal emitiendo Eurobonos. Es complicado a corto plazo, en mi opinión. Pero entiendo la demanda ya habitual desde el Banco Central Europeo (BCE) por un "ministro" de finanzas europeo que se convierta de hecho en un factor unificador y coordinador de las cuentas públicas nacionales. Sería deseable.
Pero, es que hasta la propia culminación de la integración financiera se mantiene en el aire. Hay un supervisor único y un mecanismo único de resolución de crisis de las entidades financieras. Pero no existe por el momento un fondo también único de garantía de depósitos. Ahondando algo más en la integración financiera, ahora podríamos hablar de los mercados financieros, el propio BCE admite que aún hay mucho camino por recorrer. Para llegar a esta conclusión considera la integración en términos de volumen y precios: la inversión de cartera dentro del área y la dispersión de precios de diferentes activos entre países. Las medidas monetarias extremas aprobadas por el BCE y el propio desarrollo de la Unión bancaria al que me refería antes, han propiciado un importante desarrollo de la integración financiera en sentido amplio. Quizás la culminación de la integración bancaria y los pasos que se están dando para la creación de un mercado de capitales común (profundo, liquido y diversificado) puedan culminar la integración financiera. Pero, ya lo saben, en Europa todo va muy lento. Y el difícil contexto político en el área tampoco ayuda.