Hasbro, esa empresa que es conocida por producir entretenimiento y juguetes, tiene unas oficinas a la altura de mejores empresas del mundo. No es un espacio corporativo al uso. Es una experiencia.
Un pequeño universo donde el juego, la creatividad y la cultura valenciana forman un cóctel perfecto para recordarnos por qué esta compañía es un icono global del entretenimiento.

Luz, orden y creatividad en movimiento
Bueno, no es tan pequeña, dispone de casi 800 m² situados en el corazón de la ciudad. Su interior te garantiza ser unas oficinas únicas por la variedad de sus alas, pasando por las peculiaridades y colores de cada una y terminado con su infinidad de detalles.
Toda esta genialidad es «culpa» del estudio Dobleese, que no cogió el camino fácil: podrían haber plagado el espacio de juguetes a tamaño real, pero en cambio incluyeron curvas y rincones que recuerdan a series de la infancia de manera sutil.

Las áreas de trabajo se abren a la luz natural, las salas de reunión se agrupan en un núcleo bien ordenado y las zonas de colaboración funcionan como pequeñas cápsulas donde la creatividad fluye sin tensión. Todo ello envuelto en una presencia constante, aunque sutil, de la identidad Hasbro.
Detalles que construyen una historia
Hay detalles por todas partes: piezas gráficas minimalistas que hacen referencia al juego, materiales que homenajean la artesanía valenciana —como las lamas de madera— y rincones que sorprenden sin romper la armonía general.
No se trata de exhibir marca, sino de sentirla.


