La crisis del sector agroalimentario parece no llegar a su fin. El gremio de la alimentación, reunido estos días en el Salón Alimentaria, en Fira de Barcelona, ve un futuro oscuro, incluso tras el parón de la pandemia, del que se esperaban una exitosa recuperación. Sin embargo, la sucesión de problemas les está alejando, cada vez más, de esa ansiada rehabilitación, al que cada vez parecen sumarse más trabas.
Una abrupta inestabilidad que ha conseguido empañar la ilusión de todos los profesionales que se dan cita en la feria de alimentación y que no parecen que vaya a terminar pronto. La inflación, la subida de productos de primera necesidad, del carburante, la huelga de transporte… y como no, las restricciones de la Covid que, aunque cada vez son menos, ha conseguido socavar una enorme mella en toda la industria.
La alimentación abarca más sectores de los que pueda parecer, más allá de la hostelería y el consumo de las viviendas. La subida de sus precios, plantea un verdadero problema a la sociedad, más allá de que se pueda o no consumir en nuestro tiempo de ocio, implicando una realidad dura realidad: suben los precios y el consumo terminará por rozar mínimos históricos.
La hostelería, ante una de sus mayores crisis
En España existe una tradición muy arraigada, la conocida como “cultura de bar”. La hostelería, sin embargo, está resultando una de las grandes perjudicadas, primero por las restricciones de la pandemia y actualmente, sin haber sanado al 100% sus pérdidas, por la subida de precios que directa e indirectamente están consiguiendo que cientos de negocios no puedan asumir las pérdidas.
Un impacto sin precedentes a la que los empresarios, en su gran mayoría perteneciente al gremio de las pymes, han sido testigos de primera ante cómo el precio de la materia prima ha ido subiendo hasta niveles jamás vistos, a lo que se han añadido la energía, los envases y el carburante.