En este entorno de crecimiento bajo, sin estar al borde de la recesión, la gran pregunta es si la caída de los países emergentes arrastrará consigo a los desarrollados. "No creemos que esto se vaya a producir. Las economías desarrolladas seguirán tirando del crecimiento, sobre todo de la mano del sector servicios por encima del manufacturero", explica Gutiérrez-Mellado. Así, los consumidores serán los grandes protagonistas de la recuperación, gracias a una menor austeridad fiscal, la baja inflación y otros indicadores que ya se están dejando notar en el mercado, como el crecimiento del crédito o los salarios.
En Europa, la firma prevé un crecimiento para este año de entre el 1,5% y el 2%, mientras que en EEUU, pese a las dudas de los últimos meses, no observan síntomas de recesión. "El país crecerá este año entre un 2,5% y un 3% y seguirá liderando la economía global gracias también al tirón del consumidor", indica Gutiérrez-Mellado.
En ambas regiones los bancos centrales seguirán copando el protagonismo. "Es probable que con lo que está pasando no se materialicen las cuatro subidas de tipos anticipadas por la Fed", explican los expertos, advirtiendo que "lo que puede generar volatilidad es precisamente la divergencia entre lo que dicen los miembros del organismo y lo que creen los inversores". Desde JP Morgan AM no descartan más alzas del billete verde, aunque aseguran que "la gran subida del dólar ya se ha producido".
Respecto a los mercados emergentes, los expertos lo tienen claro: mejor fuera que dentro. Aunque reconocen que los inversores no deben meter a todos en el mismo cajón, sí tienen que darse tres condiciones básicas para volver a mirar hacia estos países: una mejora en las expectativas de crecimiento, una estabilización en las divisas y la recuperación de los resultados empresariales.
Dentro de este segmento, Gutiérrez-Mellado hizo especial hincapié en la situación de China. "Es evidente que la transición del modelo económico del país impacta en el crecimiento, pero esta desaceleración lleva produciéndose desde hace años", explica, asegurando que la tormenta desatada durante la primera semana del año se debe más a factores psicológicos. "China se desacelera, pero no vemos un colapso", sentencia.