La inflación en la eurozona alcanza el 2,5% en marzo, impulsada por el encarecimiento de la energía. El aumento del 4,9% en los precios energéticos explica gran parte del repunte, con subidas de dos dígitos en combustibles como diésel y gasolina en varios países.
Otros componentes contribuyen a moderar la evolución general. La inflación de los alimentos se sitúa en el 2,4%, mientras la inflación subyacente desciende del 2,4% al 2,3%, lo que refleja una contención parcial de las presiones de precios.
Energía y medidas fiscales
Algunos países han activado medidas fiscales para contener el impacto energético. España e Italia ya registran descensos en los precios del combustible, lo que podría aliviar la inflación en abril si se mantiene la tendencia.
Sin embargo, el gas presenta un ajuste más lento debido a los contratos a largo plazo. Este desfase implica que parte del impacto energético seguirá trasladándose a los hogares durante los próximos meses.
Riesgos en transporte y turismo
El inicio de la temporada de viajes introduce nuevas presiones. La posible redistribución de destinos puede provocar subidas en billetes de avión y paquetes turísticos, en un contexto de costes elevados para las empresas del sector.
Este escenario aumenta el riesgo de que las compañías trasladen subidas de precios más rápidas al consumidor final, especialmente si se mantienen las tensiones geopolíticas en Oriente Medio.
El BCE mantiene cautela
En este contexto, Banco Central Europeo mantiene una postura prudente. Christine Lagarde insiste en que el foco está en los efectos de segunda ronda, más que en el shock energético inicial.
La institución apuesta por una estrategia de «esperar y ver», evitando decisiones monetarias precipitadas. El objetivo es evaluar si las tensiones actuales se trasladan de forma sostenida a salarios y precios estructurales dentro de la economía.
