Tal y como explica Jesús Amador, analista de la firma, "la mejora en el empleo, los reducidos costes de financiación y el mayor atractivo de la vivienda como inversión frente a otras alternativas serán catalizadores de la demanda". Calculan que esta crecerá de forma moderada hasta superar las 400.000 viviendas en 2016.
Este repunte de la demanda, junto con la escasez de oferta en ubicaciones selectivas, permitirá a juicio de los expertos un repunte de los precios este año, que podría alcanzar un incremento promedio del 4%.
En su último informe semestral sobre el mercado inmobiliario, la firma apunta a 3 factores clave que marcarán un posible incremento de los precios en los próximos 18 meses. Eso sí, advierten que se trata de un movimiento lento y muy gradual.
1. Normalización de los ratios de esfuerzo financiero. El duro ajuste de precios entre 2008 y 2013 vino acompañado de un descenso en las rentas familiares y el fin de los incentivos fiscales a la compra, lo que provocó que los ratios de esfuerzo financiero para la adquisición de vivienda siguieran siendo elevados. Sin embargo, la mejora de riqueza financiera desde principios de 2014 ha permitido que los ratios de esfuerzo se estén normalizando, de forma que una unidad familiar debe dedicar el 32,5% de su renta anual bruta al pago de la vivienda, un nivel equiparable al de los años 2000-01 y desde luego muy inferior al 49% alcanzado en 2008, año que marcó el máximo nivel de precios.
2. Ausencia de oferta. La parálisis de la actividad promotora (el número de viviendas terminadas acumula 2 años en mínimos históricos con cifras inferiores a 50k viviendas anuales) ha provocado una escasez de oferta que afecta especialmente a las zonas centrales de las grandes ciudades.