Los inversores están sopesando qué podría deparar 2020 en las bolsas de los mercados emergentes. Como en años anteriores, en 2019 no faltaron grandes titulares: desde el giro de Argentina a la izquierda hasta la guerra comercial entre EE.UU. y China. Todos ellos provocaron fuertes vaivenes con alternancia de fases de tolerancia e intolerancia al riesgo. Aunque los mercados emergentes registraron rentabilidades absolutas positivas en dólares, no ha pasado desapercibido el hecho de que estas fueron netamente inferiores a las de los mercados desarrollados. Sería incorrecto afirmar que el futuro de los mercados emergentes está asegurado: se trata de una clase de activo volátil que es adecuada para los inversores dispuestos a adoptar una visión a largo plazo. Pero si los miramos desde una perspectiva diferente encontramos razones para el optimismo de cara a la próxima década, que comento a continuación.
No debe subestimarse la importancia de la política monetaria
Las autoridades monetarias de los países desarrollados realizaron durante 2019 pequeños recortes de tipos, mientras que sus homólogas en los mercados emergentes los recortaron de forma contundente, apoyadas por unos tipos reales elevados. Y se podrían producir nuevos recortes en 2020. Aunque no deberían percibirse como una panacea, los tipos más bajos podrían estimular la actividad e impulsar la demanda: la financiación más barata puede reducir el lastre que supone la devolución de la deuda y, a su vez, ayudar a las empresas a financiar la inversión productiva. En cuanto a las consecuencias de los recortes de tipos de la Fed, con el tiempo estos deberían reducir la presión sobre el dólar, sobre todo si consideramos los efectos perniciosos del proteccionismo, del déficit doble que no deja de crecer y de la incertidumbre política que se deriva de las elecciones estadounidenses (mientras que en otras partes del mundo se observa una mayor claridad).
El cambio está en marcha, pero Roma no se construyó en un día
El cargado calendario electoral de los mercados emergentes en 2018 y 2019 ha comenzado a dar pistas a los inversores sobre la evolución futura de las políticas de los gobiernos. Eso no quiere decir que todos los gobiernos apuesten por una agenda favorable al sector privado, pero sí se aprecia que algunos mandatarios desean tomar medidas valientes y decisivas para apuntalar las finanzas públicas y colocar a sus países en una senda de crecimiento más sostenible. En este sentido, se necesita paciencia, ya que sabemos que los mercados suelen penalizar a la bolsa o celebrar apresuradamente el éxito, mientras que los progresos reales llevan tiempo.