El shock tanto de oferta como de demanda que ha causado la crisis del coronavirus para la economía global no solo tiene implicaciones para el crecimiento del PIB de los países, sino también para las ganancias corporativas y los dividendos. Para los inversores que buscan rentas periódicas, ¿deberían limitar el enfoque solo a las que los mantienen intactos o deben asumir esas rebajas temporales en la retribución a los accionistas?
La realidad de los recortes de dividendo…
En las últimas semanas hemos comenzado a ver un desfile importante de compañías que suspenden, dejan en el aire sine die o recortan su dividendo a los accionistas. La banca por propia recomendación de los bancos centrales, un buen número de empresas por prudencia razonable ante la situación de incertidumbre y otras por necesidad. A juicio de Diego Fernandez Elices, director de inversiones de A&G Banca Privada, no cabe meter a todo el mundo en el mismo saco. “Hay que mirar caso por caso y balance a balance”, apunta. En todo caso, tiene claro que una de las ideas más interesantes ahora en renta variable “es seleccionar compañías de calidad que sean capaces de mantener dividendo porque habrá muy pocas”.
En efecto, lo más habitual es la rebaja o la cancelación. Un hecho que, según señala Romain Boscher, CIO global del área de Renta Variable de Fidelity International, se está descontando. “El mercado espera que los dividendos desciendan entre un 35 y un 40% y eso no sólo está suspendiendo las recompras de acciones, sino también posponiendo las juntas generales de accionistas”, explica. Así las cosas, subraya que como inversores en muchas compañías no se están oponiendo a esa táctica porque “redunda en interés de los accionistas para sobrevivir a corto plazo y aprovechar plenamente el potencial alcista”.
Desde Schroders, su responsable de renta variable, Rory Bateman, cree que “puede tener más sentido aceptar un recorte en la distribución de ingresos a corto plazo” porque, a pesar de la intensidad de los acontecimientos, en el ámbito de la inversión es momento de mirar el largo plazo. En circunstancias como las actuales “es preferible ver a una empresa proteger su balance que perseguir ciegamente el mantenimiento de sus dividendos en un entorno completamente diferente”. Y es que si una compañía “toma una decisión no económica para mantener su dividendo esto puede, en última instancia, destruir valor para los accionistas”.