Italia confía en la inversión pública para reactivar el crecimiento a largo plazo tras la pandemia, pero una política fiscal expansiva basada en hipótesis de crecimiento un tanto optimistas plantea dudas inevitables respecto a la sostenibilidad de la deuda a largo plazo.
El Gobierno italiano presentó a principios de este mes el plan fiscal y las estrategias económicas para 2021 y años siguientes en el marco del Documento Económico y Financiero (DEF). Esta semana, el Gobierno del primer ministro Mario Draghi ha presentado unos planes históricos para hacer un uso prudente de 191.500 millones de euros de préstamos y subvenciones de la UE -incluyendo el gasto en áreas críticas como la transición ecológica, la digitalización y las infraestructuras, dirigidas a las regiones meridionales menos desarrolladas de Italia- junto con unos 70.000 millones de euros de otros recursos nacionales y de la UE y la reforma estructural asociada.
El Gobierno prevé que Italia crezca este año un 4,5% y un 4,8% en 2022, antes de volver a caer al 2,6% en 2023, al 1,8% en 2024 y a una media del 1,1% anual al final de la década, según un escenario que incorpora todos los efectos de la financiación facilitada a través del plan Nueva Generación de la UE (NGEU), del que Italia es el beneficiario más importante de la región.
«Un crecimiento sostenido muy por encima del 1% anual después del Covid-19 parece muy optimista, incluso con el apoyo económico positivo del NGEU y la inversión pública asociada. Si miramos lo sucedido en los últimos diez años, el crecimiento económico sólo alcanzó una media del 0,3% en la década anterior a la crisis del coronavirus», afirma Dennis Shen, analista principal de Scope para Italia.
En Scope estimamos el crecimiento potencial de Italia en el del 0,7%, similar a la estimación del Ejecutivo del 0,8-0,9% de crecimiento a medio plazo, según los escenarios que maneja el Gobierno con la aplicación incompleta del NGEU. «El crecimiento económico real de Italia ha sido inferior a las estimaciones de crecimiento potencial, comparativamente modestas, de los años anteriores a la pandemia, lo que obliga a Scope a realizar una estimación más alta del potencial de crecimiento económico futuro», afirma Shen. «La magnitud del impulso que este histórico programa de inversión puede dar al crecimiento tras el Covid-19 no está clara en este momento y dependerá de la eficacia de su aplicación».