Cuando se produce una gran innovación tecnológica en las comunicaciones a la par que en la energía y en el transporte es el momento del cambio, de una revolución. Así ocurrió, por ejemplo, en la Revolución Industrial cuando se popularizó el telégrafo, se comenzó a utilizar la locomotora y el carbón comenzó a ser la energía de la industria. "Ahora estamos al final de la segunda revolución industrial, que está muriendo tras llegar a su máximo en 2008 cuando el barril de petróleo llego al máximo de 147 dólares", explica Jeremy Rikfin, economista y asesor estadounidense, en un hotel del centro de Madrid donde se reúne con varios medios de comunicación, entre ellos DIRIGENTES, para hablar de su nuevo libro La sociedad de coste marginal cero y del cambio en el paradigma económico. Rifkin prepara el terreno para el posterior acto en la Fundación Rafael del Pino donde explicará sus ideas ante el gran público.
Rifkin está de actualidad, sobre todo, por sus tesis sobre la economía colaborativa y cómo la evolución de la producción hacia un coste marginal cero puede cambiar las reglas del juego. Esta variante económica ya está presente en las actividades relacionadas con Internet como la producción musical, donde desde hace años consumidores y productores comparten entre ellos contenidos de manera gratuita, explica Rifkin. Pero, ahora esta economía colaborativa está saltando desde el terreno virtual al físico. Actividades que se habían realizado siempre, como compartir coche para ir al trabajo, prestar una casa para las vacaciones o vender una televisión de segunda mano, se han visto magnificadas gracias a las plataformas tecnológicas. Internet ha hecho que las relaciones entre pares sean más sencillas y esto hace temblar a algunas de las empresas tradicionales.
Plataformas como Airbnb o Blablacar han permitido que los consumidores se planteen una nueva forma de consumo donde los actores tradicionales no están presentes. La polémica sobre Über, la aplicación que permite conectar conductores y pasajeros, ha puesto sobre la mesa el debate sobre cómo funciona esta economía colaborativa y si realmente merece este nombre. En el caso de Über entre sus accionistas se encuentran grandes fondos de inversión o la empresa Google a través de su división de apoyo a empresas. ¿Esto no va en contra del espíritu de la economía cooperativa entre iguales? Rifkin apunta que esto se frenará cuando en el mercado local se den cuenta de que es posible crear una red similar a la que ofrecen estas plataformas pero a nivel local, por ejemplo, a través de la creación de cooperativas que puedan prestar este servicio de una forma más cercana.
La aparición del Internet de las cosas como Rifkin denomina a la estructura tecnológica creada que permite poner en contacto miles de sensores que conectan campos tan diferentes como el energético, la logística o las comunicaciones. A día de hoy Rifkin apunta que hay unos 13.000 millones de sensores instalados en lugares tan diferentes como campos, fábricas, almacenes, carreteras, tiendas o casas. Así se crea una red "neuronal" que funciona como un gran cerebro explica. A pesar de las ventajas que el experto observa en este sistema también reconoce que existen amenazas en su desarrollo. En este sentido, apunta que para que esto funcione de forma correcta es necesario que no se creen grandes monopolios en Internet.
La energía, uno de los temas pendientes