Atrás ha quedado la posibilidad de que los turistas no pisarán las playas españolas. Tras el anuncio de la apertura de fronteras, prevista para el próximo mes de julio, la industria turística encara la temporada alta con un halo de optimismo, pero con mucha incertidumbre. Lejos de superar los registros de visitantes extranjeros de años anteriores, se conforman con poder mantenerse a flote. DIRIGENTES entrevista a Juan Molas, presidente de la Mesa del Turismo, organización que aglutina a empresarios y profesionales del sector en España y cuya misión pasa por reconocer el papel de este mercado en el ámbito socioeconómico.
Accedió a la presidencia de la Mesa del Turismo el pasado mes de enero con unos retos totalmente diferentes a los de ahora. ¿Cómo han sido estos cinco meses?
Desde luego, debo reconocer que nos vino de golpe la noticia de la COVID-19 y nos trastocó absolutamente los planes. Durante este periodo de confinamiento hemos seguido trabajando vía telemática, ya que el objetivo esencial de la Mesa es la divulgación de las acciones del turismo en la economía y atender a todas las derivadas que se han producido en la nueva y lamentable situación que nos encontramos. Va a ser una crisis muy dura. El sector lleva perdidos hasta la fecha 40.000 millones de euros, que irá en aumento hasta que no tengamos abiertas las fronteras y las aerolíneas funcionen con normalidad. Se avecina un verano incierto.
Sin embargo, ya vemos la luz al final del túnel, no solo por parte de los clientes, sino también en otros países europeos. Hay viajeros potenciales deseando regresar a España. Muchos de ellos son clientes repetidores y, aunque no tendremos la temporada turística de otros años, esperamos poder recuperar una parte mínima de ese volumen de turistas, para al menos si no salvar, perder el menor dinero posible y que las cuentas de explotación de las empresas no lleguen a un nivel de desastre importante. Pero también por el bien de los trabajadores y el conjunto de la economía española.
