Según The Competitive Intelligence Unit en un inicio, durante los años 70s y 80s el ecosistema tradicional de los juegos de vídeo se encontraba definido exclusivamente por aquellas personas que contaban con una consola fija especializada en el hogar o acudían a espacios de entretenimiento en los que era posible encontrar máquinas para uso de juegos virtuales.
Sin embargo, con la diversificación de consolas y la llegada de aquellas portátiles en los 90s, fue posible acceder a una mayor diversidad de videojuegos desde cualquier lugar y en cualquier momento, generando un cambio radical en los patrones de consumo.
Estos avances permitieron que a partir de los primeros años del siglo XXI haya surgido un desarrollo paralelo de dos esquemas distintos de juego, que son por un lado el de las consolas fijas y por el otro, el de los dispositivos de acceso móvil.
En el primer caso, se han continuado desarrollando opciones cada vez más complejas como el Xbox One o las versiones 3 y 4 de Playstation, que integran el poder de una computadora y se especializan en potenciar el entretenimiento de un videojuego. En el segundo caso, encontramos dos tipos distintos de dispositivos de acceso móvil, que son las consolas portátiles y los dispositivos móviles.
Mientras que los primeros se caracterizan por contar con un uso prácticamente exclusivo para reproducción de juegos y por tanto mejores gráficos, así como una mayor complejidad en contenidos, los segundos incluyen equipos como tabletas o smartphones cuya funcionalidad es diversa y cuentan con la capacidad de acceder a una oferta muy vasta de aplicaciones de juego.