Keir Starmer, el primer ministro británico, inicia este miércoles una visita oficial a China para reparar las relaciones bilaterales. El mandatario busca fomentar lazos comerciales tras años de tensiones y un notable deterioro de la alianza con Estados Unidos.
El líder laborista se reunirá este jueves con Xi Jinping, el presidente de China, en un encuentro clave para la estabilidad exterior. Starmer es el primer jefe de Gobierno británico que visita el país asiático desde 2018, marcando un giro en la política de Downing Street.
La agenda incluye paradas en Shanghái y reuniones con Li Qiang, el primer ministro chino, para discutir la apertura de mercados. El viaje se produce en un momento de necesidad de crecimiento económico para las islas tras el impacto del Brexit.
Delegación empresarial de alto nivel
Starmer viaja acompañado por una delegación de sesenta empresarios y miembros de su gabinete. Destacan directivos de gigantes como el banco HSBC, la farmacéutica GSK y las firmas automotrices Jaguar y Land Rover, interesadas en el mercado local.
El objetivo prioritario de la misión es atraer inversiones extranjeras directas hacia el Reino Unido. Además, se espera abordar temas de seguridad como la reforma de la embajada británica y la cooperación en la lucha contra la inmigración ilegal.
Desde Londres se defiende este acercamiento como una postura «pragmática y adulta» frente a la segunda economía mundial. El Gobierno considera que ignorar la relevancia de China sería una temeridad para la prosperidad nacional de los británicos.
Acuerdos en sectores estratégicos
Wang Wentao, el ministro de Comercio de China, ha confirmado que se firmarán pactos en energías limpias y salud. También se potenciará la colaboración en industrias creativas y manufactura inteligente para equilibrar la balanza comercial.
El programa contempla un foro de emprendedores con más de cien participantes confirmados de ambos países. Pekín proyecta que las relaciones comerciales alcancen cifras récord de intercambio durante los próximos ejercicios fiscales de 2026.
Este movimiento sigue a la reciente autorización para construir una superembajada china en Londres, cerca del Tower Bridge. Reino Unido se suma así a la tendencia de otros líderes europeos que buscan blindar su seguridad económica mediante el diálogo con Pekín.
