Existen un buen número de condiciones que determinan la competitividad de una economía. La dimensión política, social y cultural también afectan, y son precisamente factores que favorecen o no que la economía sea competitiva, si bien las infraestructuras, las instituciones y las políticas públicas juegan también un papel determinante.
El informe World Competitiveness Yearbook recoge todos esos factores y evalúa en qué grado es competitiva una economía, basándose en esos aspectos tan diversos. Según este análisis que realiza IMD World Competitiveness Center, España se encuentra en el puesto 39 de 64, tras retroceder tres posiciones con respecto al análisis del año anterior.
De este modo, las economías más competitivas son Suiza, Suecia y Dinamarca, seguidas de Países Bajos, Singapur, Noruega, Hong Kong, Taiwán, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos, que conforman las diez primeras posiciones de la clasificación.
Dicho informe, en el que colabora CEOE, recalca que todas las grandes economías europeas avanzan posiciones, excepto España. En particular, las economías nórdicas consiguen situarse entre las diez primeras, como se explica en el párrafo precedente, pero además Alemania se encuentra en la posición 15, Reino Unido en la 18 y Francia en la 29, mientras que Italia ocupa el puesto número 41, tras mejorar tres posiciones.
Para realizar esta clasificación, el estudio tiene en cuenta cuatro variables: resultados económicos, eficiencia del sector público, eficiencia empresarial e infraestructuras. Tal y como recoge CEOE al reseñar el informe, España ocupa la peor posición en eficiencia del sector público, donde tan solo 15 países tienen notas peores.