Confinamiento y restricciones severas a la vida pública y la actividad económica. Son unas de las palabras que describen la actual situación que viven millones de personas en todo el planeta. Pero no es la vía que Suecia contempla y prosigue con su ritmo de vida habitual sin alteraciones significativas.
La estrategia del Gobierno sueco se sostiene sobre la confianza en la población y en la «responsabilidad individual«. A diferencia de España, que decretó el cierre de los centros educativos como una de las primeras medidas, en el país escandinavo esto no se ha dado y los estudiantes menores de 16 años han continuado acudiendo a clase y a los parques, como justificación de que corren poco riesgo de contagiarse. Asimismo, los bares y restaurantes o los centros de ocio, permanecen abiertos. Suecia disfruta del inicio de la primavera al aire libre.
Entre las acciones impuestas se encuentran la de cerrar instituciones de educación superior, adoptar el teletrabajo, así como prohibir las aglomeraciones o reuniones públicas donde se concentren más de 50 personas (anteriormente la restricción se fijaba en 500 individuos). En suma, distancia social, evitar viajes no esenciales y no visitar a los familiares que estén en residencias de ancianos. Ya que el objetivo es proteger a los mayores de 70 años, a quienes sí les han instado a no salir de sus viviendas.
Aunque Suecia haya adoptado un enfoque diferente en cuanto a la crisis del coronavirus, «no quiere decir que no haya cambiado la vida de los suecos, la actividad económica se ha reducido en gran parte, muchos de los ciudadanos teletrabajan», así ha reflejado la situación que vive el país el Embajador de Suecia en España, Teppo Tauriainen, en una jornada organizada por la Cámara de Comercio de Madrid. Y ha señalado que «la meta del Gobierno ha sido evitar una sobrecarga en el sistema sanitario«. Hace un balance positivo y aunque la situación sea más compleja en Estocolmo, «la situación está bajo control». Sin embargo, médicos y científico claman un cambio.
Si bien, los ciudadanos están respondiendo positivamente a estas recomendaciones y se confinan en sus hogares por decisión propia, las cifras no reflejan que estas medidas estén dando resultados: más de 12.000 contagiados y 1.203 decesos, gran parte de estos casos se han confirmado en la capital. Un planteamiento que contrasta con el establecido por sus vecinos nórdicos, que tomaron medidas mucho más restrictivas desde el principio.