La industria de la gestión de activos se enfrenta a sus propios retos ante el “antes y después” que ha supuesto el impacto del Covid-19. Hay varias conclusiones que se han extraído de la situación vivida en los mercados. Por ejemplo, que el sesgo hacia la inversión responsable y de impacto es el camino hacia una mayor resiliencia y hacia una mayor comunión con los intereses que ahora demanda el inversor. También, que hay que hacer mucha pedagogía para enfocar al inversor hacia sus objetivos a largo plazo, para evitar sobre-actuaciones en momentos convulsos que pueden suponer entrar y salir con el pie cambiado y tomar decisiones erróneas que acaban por mermar su rentabilidad. Y unido a esto último, se ha hecho más evidente que nunca que es clave la cercanía con el cliente y la comunicación.
“Al cliente le preocupa la liquidez y consistencia de su cartera ante movimientos agresivos a la baja del mercado”, explican Juan Espel y Jorge Lovaco, de A&G Banca Privada. De ahí que en situaciones como la vivida con la irrupción del cisne negro del Covid-19 y ante la sobre-información recibida “la relación de confianza: cliente-banquero-inversiones” se haga más necesaria que nunca. “Una de las claves fundamentales de nuestro trabajo es la constante cercanía con el cliente, ofreciendo información recurrente y tranquilidad por un lado, y por otro, ajustando las inversiones a sus perfiles, teniendo en cuenta la situación personal de cada uno”, insisten.
El acercamiento a los clientes y la comunicación es también para KPMG uno de los puntos en los que deben enfocarse las empresas del sector de la Gestión de Activos en la era post-Covid. La firma ha realizado un informe sobre el impacto y la respuesta al coronavirus en este sector, pero no extraen esta única recomendación. También apuntan en otras líneas, como la gestión de la liquidez y el riesgo sistémico, la protección de datos y la ciberseguridad o la resilencia operativa y gestión del capital humano.
Capital humano
Una gestión del capital humano que se ha puesto a prueba en esta crisis, ante la realidad generada por el confinamiento. “Ya cuando comenzó la pandemia en China en enero, la inmensa mayoría de los empleados de Fidelity en aquel y otros países asiáticos pasaron a teletrabajar desde casa (…) y tan solo quedaron los retenes imprescindibles de mantenimiento de sistemas e infraestructuras trabajando de forma presencial en las oficinas, pero siempre divididos en equipos que se iban alternando a efectos de evitar un posible contagio de todos a la vez”, explican desde la gestora. A partir de ahí se replicó el modelo en el resto del mundo, a lo que ha ayudado que “tenemos robustos sistemas de contingencia y backup implementados desde hace décadas para situaciones de emergencia como esta o de cualquier otro tipo (desastres naturales, ataques terroristas, ciberataques, etc.)”, aseguran en Fidelity International.