Es ampliamente conocido entre los profesionales el papel fundamental que desempeñan los derivados en la gestión de riesgos financieros de las empresas. Sin embargo, es muy conveniente distinguir adecuadamente los efectos potenciales que los derivados pueden producir -dependiendo de la forma en la que son utilizados– a efectos de evaluar de forma apropiada su eventual uso. Veamos resumidamente esa casuística.
1. La inversión o especulación
Una forma de utilizar derivados es la búsqueda de altos rendimientos, aceptando que se pueden producir altos quebrantos, al tratarse de contratos con alto apalancamiento. Si las expectativas del inversor respecto a la evolución del mercado se confirman, obtendrá mayores beneficios de los que hubiera percibido, si la inversión se hubiera realizado a través de un instrumento financiero no derivado. Recíprocamente, si dichas expectativas no se cumplen, se producirán los efectos contrarios.
Una característica singular de este tipo de uso de derivados es que no existen necesariamente otra u otras operaciones o posiciones de la empresa relacionadas con el subyacente del derivado que se contrata.
2. El arbitraje