Los austriacos Andreas Wilfinger y Ulla Wannemacher representan un claro ejemplo de visionarios. Esta pareja comenzó a fabricar y vender cosmética vegana mucho antes de que comenzara a cuestionarse la experimentación animal en este tipo de productos. Cuando se cumplen 25 años del inicio de esta andadura, la compañía puede presumir de haber llegado a 34 mercados, entre ellos, España. En un año para el olvido, como ha sido 2020, su modelo de negocio online les ha llevado a registrar un incremento de las ventas del 38%, hasta los 160 millones de facturación.
¿Cuál es el origen de Ringana?
Todo empezó hace más de 25 años, cuando nuestro hijo trajo a casa un tubo de pasta de dientes de la guardería. Nos sorprendió la cantidad de ingredientes dudosos. También nos dimos cuenta de que la mayoría de los productos para el cuidado de la piel contenían ingredientes cuestionables, y pensamos que teníamos que hacer algo para cambiarlo. Ese fue el momento en que nació nuestra idea empresarial enfocada en productos fabricados sin ingredientes innecesarios.
¿Qué valor diferencial aporta respecto al resto de compañías del sector que también son veganas?
Desde el principio, nuestra filosofía se ha basado en la sostenibilidad a lo largo de todo el proceso de producción y, por supuesto, en la absoluta frescura de nuestros productos. Una de nuestras grandes fortalezas también es el desarrollo constante con el objetivo de ser, cada vez, más sostenibles e innovadores.